Por Lalo Márquez el Viernes, 30 de Marzo de 2007 a las 10:06 am en Noticias | 0 Comentarios
- Un videojuego que promueve el cristianismo sorprende por la gran acogida que ha tenido.

Madrid - La misión: convertir al cristianismo al mayor número de almas, porque sólo los creyentes se salvarán en la Hora Final. El enemigo: el Anticristo y sus hordas internacionalistas (parecidas a las tropas de la ONU hasta en el nombre, Pacificadores de la Comunidad Global).
También los músicos de rock duro que ensucian mentes alejándolas de la Palabra. En el videojuego para PC Left Behind: Eternal Forces, basado en la serie de libros homónima (de la que se han vendido unos 60 millones de copias), el jugador forma parte de una guerrilla de cristianos renacidos que tras el Rapto (la subida al paraíso de los auténticos creyentes) sobreviven en un Nueva York post-apocalíptico reuniendo fieles para el Segundo Advenimiento.
Left Behind, que se puede descargar online por $47, está concebido como una “herramienta de evangelización” según sus productores. En el juego hay ciencia ficción, pero también hay profecía. “Los videojuegos son una forma estupenda de esparcir las buenas nuevas del Gospel”, dice por teléfono desde California Jerome Mikulich de Left Behind Games.
“Los misioneros están utilizándolo en África; y en todo Estados Unidos los pastores, que no conseguían hablar el lenguaje de los jóvenes, lo están repartiendo en las parroquias”. “¡Ahora los chavales no dejan de hablar de Dios!”, exclama. Pero es pronto para gritar aleluya.
El juego, del que se han distribuido 65,000 copias en tiendas desde que salió en noviembre, y del que se han regalado más de medio millón de demos en iglesias, ha unido en su contra a asociaciones liberales, musulmanas, judías, católicas y cristianas moderadas que lo tachan de violento e intolerante con otras religiones. Varias de ellas pidieron, sin éxito, a la cadena Wal Mart que lo retirase de sus tiendas. “En el juego cualquiera que no sea un seguidor de Jesucristo es el enemigo”, dijo en la BBC el portavoz de Talk2Action, una asociación religiosa progresista que pidió la retirada: “Trata sobre la Guerra Santa; para ganar hay que convertir o matar. Es una mezcla de la Inquisición y Las Cruzadas”.
“La mayoría de quienes nos critican ni siquiera han jugado”, defiende Mikulich.
“La violencia que aparece en el juego no es mayor que la que se ve en los de La Guerra de las Galaxias. No hay desmembramientos, sangre ni decapitaciones”. Sí hay rayos mortales y cadáveres que desaparecen al poco de haber sido abatidos. “Además,” defiende Mikulich, “la violencia tiene consecuencias. Si matas desciende tu espiritómetro”, dice, refiriéndose a la especie de medidor moral que marca la “vida” que le queda al jugador. Cuando rezas, convences a alguien de que haga el bien o escuchas rock cristiano, el espiritómetro crece y el jugador se fortalece.
La Liga Antidifamación judía, que se refiriere al juego como “una herramienta más del fundamentalismo y el movimiento de supremacía cristiana” admite que en Eternal Forces no aparecen las palabras “cristiano” o “convertir” y que la violencia, no obligatoria y castigada, no es comparable a la que sale en los libros que lo inspiran, “probablemente para no perder su categoría juvenil” (el juego está recomendado para mayores de 13 años).
Left Behind no es el primer videojuego evangélico, pero sí uno de los primeros que se toma muy en serio como juego.
Ha tardado cinco años en desarrollarse, ha costado más de un millón de dólares y los críticos especializados lo comparan con los exitosos Command & Conquer o World of Warcraft. “La gran sorpresa de Left Behind es que, de hecho, gusta”, dice en su crítica la reputada revista tecnológica Wired.